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Mitigando los efectos de las inundaciones en la Reserva de la Biosfera del Beni, Bolivia

La temporada de lluvias 2024–2025 en Bolivia provocó inundaciones excepcionalmente graves en la Reserva de la Biosfera del Beni, causando la pérdida de fauna silvestre y afectando directamente a las comunidades locales. Para mitigar estos efectos, el RRF proporcionó financiamiento para despejar y limpiar ríos, redirigir aguas de inundación, brindar primeros auxilios a las comunidades afectadas y rescatar fauna silvestre.

Designada como Reserva de la Biosfera por la UNESCO en 1986, la Reserva de la Biosfera del Beni abarca más de 135.000 hectáreas y alberga una notable biodiversidad, con más de 500 especies de aves, 200 especies de plantas y 100 especies de mamíferos, incluyendo animales emblemáticos como el jaguar. Aproximadamente 200.000 personas viven dentro de la reserva, lo que hace esencial equilibrar la conservación de los ecosistemas con los medios de vida locales, que dependen en gran medida de la ganadería y la extracción de madera.

La temporada de lluvias de 2025 se caracterizó por precipitaciones intensas y prolongadas, lo que provocó inundaciones generalizadas. La situación se agravó por la acumulación de material vegetal y escombros dejados por los incendios de la temporada seca de 2023, que bloquearon los cauces y desviaron los ríos de sus cursos naturales. Las inundaciones resultantes fragmentaron hábitats de grandes mamíferos, alteraron los ecosistemas acuáticos y las cadenas alimentarias, y afectaron a especies no adaptadas a niveles de agua elevados durante largos periodos. Al mismo tiempo, las comunidades locales sufrieron graves daños en cultivos y viviendas, aumentando el riesgo de una mayor dependencia de los recursos naturales de la reserva.

En respuesta, el RRF otorgó US$39.376 a la ONG boliviana La Senda Verde para trabajar junto con la autoridad de la reserva en la mitigación de los impactos ecológicos y sociales de las inundaciones. El financiamiento permitió la compra de equipos para redirigir aguas, eliminar bloqueos y recuperar tierras agrícolas previamente inundadas. Estas acciones beneficiaron a aproximadamente 500 personas indígenas de la comunidad Tsimane. Al proteger los medios de vida, el proyecto también ayudó a reducir el riesgo de un aumento de actividades ilegales y de una mayor presión sobre los recursos naturales de la reserva.

La capacitación brindada a las comunidades locales y a las brigadas de guardaparques fortaleció sus habilidades técnicas en rescate de fauna, patrullaje y monitoreo ambiental, mejorando la capacidad a largo plazo para responder de manera más eficaz a futuras inundaciones. El financiamiento también permitió la realización de diez patrullajes de vigilancia y el establecimiento de una red de cámaras trampa para combatir la caza ilegal.

La Senda Verde, especialista en rehabilitación de fauna silvestre, proporcionó atención veterinaria y rehabilitación a los animales afectados, incluyendo la reubicación de algunos individuos en su santuario especialmente diseñado. Además, se creó una playa artificial de anidación para ofrecer a las tortugas de río amenazadas un sitio seguro de reproducción tras la destrucción de sus áreas naturales de anidación por las inundaciones.